El estudio de viabilidad económica de tu TFG de Ingeniería: VAN, TIR y periodo de retorno paso a paso
Casi todos los TFG de Ingeniería terminan con un capítulo de presupuesto y viabilidad, y casi todos lo improvisan la última semana. Es una pena, porque es de los pocos apartados que se pueden hacer bien con reglas fijas: si defines el horizonte, construyes la tabla de flujos, aplicas una tasa de descuento justificada y añades un análisis de sensibilidad, el capítulo se sostiene solo. Aquí está el procedimiento completo.

Paso 1 — Decide qué estás evaluando
Antes del primer número, escribe una frase que responda a esto: ¿comparo hacer el proyecto contra no hacerlo, o comparo dos alternativas de hacerlo? Son dos preguntas distintas y llevan a tablas distintas.
- Proyecto frente a no hacer nada. Los flujos son los ingresos y ahorros que el proyecto genera, menos sus costes. Es el caso de una instalación nueva.
- Alternativa A frente a alternativa B. Los flujos son diferenciales: solo lo que cambia entre las dos. Es el caso de sustituir un equipo por otro.
Confundirlas es el error de raíz más frecuente: se mezclan flujos absolutos de una alternativa con flujos diferenciales de otra y el resultado no significa nada. Si tu trabajo evalúa varias opciones con criterios que van más allá del dinero, la comparación económica es solo un criterio entre otros y encaja dentro de un método de decisión multicriterio.
Paso 2 — Fija el horizonte temporal y justifícalo
El horizonte no se elige por comodidad: se justifica con la vida útil del activo, con la duración de un contrato o concesión, o con el periodo de amortización técnica del equipo principal. Escribe la razón. Un horizonte de «10 años porque es un número redondo» invita a que el tribunal pregunte qué pasaría con 8 o con 15 —y esa pregunta la contestas tú en el análisis de sensibilidad, no ellos en la defensa.
Decide también el valor residual: qué queda del activo al final del horizonte. Puede ser cero, puede ser un valor de reventa o de chatarra, y puede ser un coste si hay desmantelamiento. En instalaciones con obligación de retirada, olvidarlo infla la rentabilidad.
Paso 3 — Construye la tabla de flujos de caja
Una fila por concepto, una columna por año. Los conceptos mínimos:
| Concepto | Signo | Cuándo aparece | Error típico |
|---|---|---|---|
| Inversión inicial | Salida | Año 0 | Olvidar el montaje, la ingeniería y las licencias |
| Ingresos o ahorros | Entrada | Desde el año 1 | Suponer que se alcanzan al 100 % desde el primer día |
| Costes de operación | Salida | Cada año | Omitir consumos, seguros y mano de obra |
| Mantenimiento | Salida | Cada año, y picos periódicos | Poner una cifra plana e ignorar las grandes revisiones |
| Reinversiones | Salida | Cuando toca sustituir un componente | Componentes con vida útil menor que el horizonte |
| Valor residual | Entrada o salida | Último año | Ponerlo siempre positivo |
Dos reglas de higiene. La primera: los costes hundidos no entran. Lo que ya se gastó antes de la decisión no afecta a la decisión, por doloroso que sea. La segunda: cita el origen de cada cifra. Un precio de catálogo con fecha, una tarifa publicada, un presupuesto de proveedor en anexo. Una tabla de flujos sin procedencia es un ejercicio de imaginación bien formateado.
Paso 4 — Elige la tasa de descuento y defiéndela
La tasa de descuento es el número que más peso tiene en el resultado y el que peor se justifica en los trabajos de grado. Refleja el coste de oportunidad del dinero y el riesgo del proyecto: cuanto más incierto, mayor.
Tienes tres vías defendibles, en orden de preferencia:
- La tasa que use la empresa o el organismo para el que trabajas, si te la facilitan. Es la mejor: es la real.
- Una referencia sectorial publicada, citada con su fuente y su fecha.
- Una construcción explícita a partir de un tipo libre de riesgo más una prima justificada, explicando cada componente.
Lo que no es defendible es poner un 5 % sin decir de dónde sale. Y hay una decisión adicional que casi nadie hace explícita: si trabajas con flujos nominales (con inflación incorporada) debes descontar con una tasa nominal; si trabajas con flujos reales (a precios constantes), con una tasa real. Mezclarlas es un error silencioso que altera el resultado sin que nada chirríe.
Paso 5 — Calcula los tres indicadores y léelos bien

| Indicador | Qué mide | Criterio | Su límite |
|---|---|---|---|
| VAN (valor actual neto) | El valor que el proyecto añade hoy, en euros, después de descontar | Positivo, acéptalo; negativo, recházalo | Depende por completo de la tasa elegida; no dice nada del tamaño relativo |
| TIR (tasa interna de retorno) | La tasa de descuento que haría el VAN igual a cero | Mayor que tu tasa de descuento | Puede no existir o dar varias soluciones si los flujos cambian de signo más de una vez |
| Periodo de retorno | Cuánto tardas en recuperar la inversión | Menor que el plazo que la empresa acepta | Ignora todo lo que ocurre después de recuperar |
La jerarquía correcta es clara: el VAN manda. La TIR es cómoda porque es un porcentaje y se comunica bien, pero falla precisamente en los proyectos con reinversiones grandes a mitad de vida, que en ingeniería son habituales. Y el periodo de retorno no es un criterio de rentabilidad sino de liquidez y de riesgo: dice cuánto tiempo estás expuesto.
Un detalle que distingue un buen capítulo: calcula el periodo de retorno descontado, no solo el simple. El simple suma flujos sin descontar y siempre sale más optimista.
Paso 6 — El análisis de sensibilidad no es opcional

Tus cifras son estimaciones y el tribunal lo sabe. Lo que quiere comprobar es si tu conclusión sobrevive a que se equivoquen. Tres niveles, de menos a más:
- Sensibilidad univariante. Varía un parámetro cada vez —precio de la energía, inversión inicial, tasa de descuento, horas de funcionamiento— en un rango razonable y observa el VAN. Ordena los parámetros por cuánto mueven el resultado: los dos primeros son los que hay que discutir en la memoria.
- Valores umbral. ¿A qué precio de venta el VAN se anula? ¿Con qué inversión máxima sigue siendo viable? Un umbral se comunica mucho mejor que una tabla de escenarios.
- Escenarios. Pesimista, base y optimista, con los parámetros movidos de forma coherente entre sí. No sirve construir el escenario pesimista empeorando solo el parámetro que te conviene.
Esto es la aplicación directa de la lógica general del análisis de sensibilidad para demostrar robustez: no cambia el resultado, cambia lo que puedes afirmar sobre él.
Cómo se redacta el capítulo
Seis apartados y en este orden: (1) alcance y horizonte, con su justificación; (2) hipótesis económicas, con la procedencia de cada cifra; (3) tabla de flujos de caja completa; (4) tasa de descuento y su justificación; (5) resultados de VAN, TIR y periodo de retorno; (6) análisis de sensibilidad y conclusión.
Un consejo de presentación: pon la tabla de flujos completa en el cuerpo si cabe en una página, y en anexo si no. Lo que nunca debe estar solo en anexo son las hipótesis: el lector tiene que poder juzgar tus números sin cambiar de documento.
Y en la conclusión, escribe una frase condicional en lugar de una absoluta. «El proyecto es viable con una tasa de descuento del X % y un precio de energía superior a Y» es una conclusión de ingeniero. «El proyecto es viable» a secas es una conclusión de folleto.
Errores que el tribunal detecta
- No decir si los flujos son antes o después de impuestos. En un TFG suele bastar con trabajar antes de impuestos, pero hay que declararlo.
- Tasa de descuento sin origen. El fallo más común y el más fácil de arreglar.
- Ingresos al 100 % desde el año 1. Casi ningún sistema arranca a plena capacidad. Una curva de puesta en marcha es más creíble y más fácil de defender.
- Olvidar reinversiones. Si un componente dura 8 años y tu horizonte son 20, hay dos reposiciones en la tabla.
- Elegir por TIR cuando hay flujos con varios cambios de signo. Es el escenario en que la TIR deja de ser fiable.
- Falsa precisión. Presentar un VAN con céntimos cuando la inversión se estimó con un margen del 20 % es una contradicción visible.
- Ahorro anunciado sin memoria de cálculo. Igual que en una tesis de mejora de procesos, cualquier cifra en euros exige el detalle de cómo se obtuvo.
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo el presupuesto que el estudio de viabilidad?
No. El presupuesto cuantifica cuánto cuesta ejecutar el proyecto y suele desglosarse por partidas y capítulos. El estudio de viabilidad usa ese presupuesto como inversión inicial y responde a otra pregunta: si merece la pena. Muchos TFG entregan solo el presupuesto y titulan el apartado «viabilidad», y esa discrepancia se nota.
¿Qué hago si mi proyecto no genera ingresos?
Muchos proyectos de ingeniería no venden nada: ahorran. Un sistema de eficiencia energética, una mejora de proceso o una reducción de consumo generan flujos positivos en forma de coste evitado, y se tratan exactamente igual que un ingreso. Lo importante es cuantificar el ahorro con una base medida, no supuesta.
¿Y si el proyecto no tiene retorno económico en absoluto?
Entonces el criterio no es la rentabilidad sino el coste de alcanzar un objetivo: se compara el coste total de las alternativas que cumplen el requisito y se elige la más barata. Dilo así en la memoria en lugar de forzar un VAN artificial con beneficios inventados.
¿Cuántos años de horizonte son razonables?
Los que dure el activo principal o el contrato que lo sostiene. En instalaciones industriales y energéticas es habitual moverse en el rango de una o dos décadas; en equipos informáticos, mucho menos. Lo relevante no es el número sino que esté justificado y que la sensibilidad muestre qué pasa si te equivocas.
¿Necesito software financiero?
No. Una hoja de cálculo cubre el 100 % de lo que necesita un TFG, y tiene la ventaja de que puedes entregar el fichero como anexo reproducible. Lo que sí conviene es dejar las hipótesis en celdas separadas y referenciadas, para que el análisis de sensibilidad sea cambiar un valor y no rehacer la tabla.
¿Esto sirve para un TFG de instalaciones o de energía?
Es exactamente su terreno. Un dimensionamiento técnico —por ejemplo, el de una instalación fotovoltaica— produce justo las magnitudes que alimentan la tabla de flujos: producción anual estimada, coste de la instalación, ahorro por energía no comprada. El capítulo económico es la continuación natural del técnico.
¿Y si mi TFG es de ADE y no de Ingeniería?
El aparato es parecido pero el objeto cambia: valorar una empresa no es lo mismo que evaluar un proyecto, y la primera se aborda con las herramientas propias del análisis financiero y el business case. Si tu unidad de análisis es una empresa entera, ese es tu marco; si es una inversión concreta con vida útil definida, el de este artículo.
¿Cómo justifico los precios si no tengo acceso a proveedores?
Con bases de precios públicas de construcción o instalaciones, catálogos de fabricante con fecha de consulta, y tarifas reguladas publicadas. Cita cada fuente con su fecha en la tabla de hipótesis y añade en las limitaciones que los precios son de referencia y no ofertas en firme.
Antes de escribir el capítulo
El capítulo económico se juzga por dos cosas: que las hipótesis estén justificadas una a una y que la conclusión esté condicionada a ellas. Si ya tienes la hoja de cálculo terminada y lo que te falta es convertirla en un apartado redactado con sus hipótesis, sus resultados y sus limitaciones, puedes empezar tu documento con Tesify y trabajar sobre una estructura que ya reserva sitio para el presupuesto, la viabilidad y el análisis de sensibilidad.
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