Reflexividad y posicionalidad del investigador en la tesis cualitativa: cómo escribirla
La posicionalidad es el reconocimiento explícito de cómo tu identidad, tus experiencias previas y tu relación con el fenómeno o los participantes influyen en el proceso de investigación; la reflexividad es la práctica continua de examinar esa influencia a lo largo de todo el estudio, no solo declararla una vez al principio. En investigación cualitativa ambas se consideran parte del rigor metodológico, no una formalidad ni una confesión personal fuera de lugar. Este artículo explica los tipos de reflexividad, cómo estructurar la declaración de posicionalidad y qué errores bajan su calidad percibida ante un tribunal. Si todavía estás decidiendo si tu TFG o tesis debe apoyarse en metodología cualitativa o cuantitativa, conviene resolver antes esa elección: la guía de la red Tesify sobre diferencias entre metodología cualitativa y cuantitativa lo desarrolla con más detalle.

Por qué importa la posicionalidad en investigación cualitativa
A diferencia de la investigación cuantitativa, donde se asume (con matices) que el investigador es un observador externo neutral, la investigación cualitativa reconoce que el investigador es parte del instrumento de recogida y análisis de datos: decide qué preguntar, cómo interpretar una respuesta y qué patrones destacar en el análisis. Ignorar esa influencia no la elimina; simplemente la deja sin examinar. Declarar la posicionalidad no debilita la investigación — la fortalece, porque permite al lector evaluar con qué lente se generaron las interpretaciones.
Tipos de reflexividad
La literatura metodológica distingue habitualmente tres tipos de reflexividad, y conviene abordarlos por separado en tu declaración:
- Reflexividad personal: cómo tu propia biografía, identidad social (género, edad, origen, clase) y experiencias vividas moldean tu forma de interpretar los datos.
- Reflexividad funcional: cómo tu rol específico dentro del estudio (por ejemplo, ser también profesional del campo que investigas, o tener una relación previa con los participantes) afecta a la recogida y el análisis.
- Reflexividad epistemológica: cómo tus supuestos teóricos y metodológicos de partida (qué cuenta como conocimiento válido, qué paradigma asumes) enmarcan las preguntas que haces y las respuestas que consideras relevantes.
Una declaración de posicionalidad completa suele tocar los tres niveles, aunque el peso relativo de cada uno depende de tu diseño concreto: un estudio etnográfico con observación participante prolongada exige más desarrollo de la reflexividad funcional que un estudio basado en entrevistas puntuales con desconocidos.
Si prefieres verlo explicado en vídeo antes de redactar tu propia declaración, esta clase repasa el concepto y su aplicación práctica:
La posición insider-outsider
Un eje especialmente relevante dentro de la reflexividad funcional es si te sitúas como investigador “insider” (perteneces al grupo o comunidad que estudias) u “outsider” (eres ajeno a él). Ninguna de las dos posiciones es intrínsecamente mejor:
- Ventajas de la posición insider: acceso más fácil a los participantes, comprensión más rápida del lenguaje y los códigos del grupo, mayor confianza inicial de los entrevistados.
- Riesgos de la posición insider: dar por sentadas explicaciones que un outsider pediría desarrollar, dificultad para “extrañar” lo familiar y detectar patrones que los propios miembros del grupo no verbalizan por obviedad.
- Ventajas de la posición outsider: mirada capaz de cuestionar supuestos que el grupo no cuestiona por estar naturalizados, menor presión de lealtad hacia los participantes al interpretar los datos.
- Riesgos de la posición outsider: mayor dificultad de acceso y confianza inicial, riesgo de malinterpretar significados culturales o profesionales específicos del grupo.
Muchos investigadores ocupan, en realidad, una posición intermedia (por ejemplo, exmiembro de una profesión que ahora investiga desde la universidad), y esa ambigüedad merece explicarse igual que los extremos, en lugar de forzar una etiqueta única que no refleja tu situación real.
Ejemplo aplicado por disciplina
Para ilustrar cómo cambia la posicionalidad según el campo de estudio:
- Enfermería: una investigadora que es también enfermera en activo y estudia la experiencia de sus propios colegas debe reflexionar sobre cómo su conocimiento clínico previo puede llevarla a interpretar ciertas respuestas como “obvias” cuando en realidad merecen ser exploradas con más profundidad, y sobre si su condición de compañera de profesión facilita o inhibe que los entrevistados hablen con libertad de dificultades del trabajo.
- Educación: un profesor que investiga las prácticas de su propio centro escolar debe considerar la asimetría de poder si entrevista a compañeros o, sobre todo, a estudiantes, y cómo esa jerarquía puede condicionar la sinceridad de las respuestas.
- Trabajo social: un investigador que ha sido usuario de los servicios que estudia aporta una comprensión vivencial valiosa, pero debe examinar si esa cercanía le lleva a idealizar o, al contrario, a criticar en exceso ciertas prácticas institucionales por experiencias personales previas.
En los tres casos, la clave no es “resolver” la tensión entre cercanía y distancia, sino documentarla con el suficiente detalle para que el lector entienda cómo pudo influir en las conclusiones.
Cómo estructurar tu declaración de posicionalidad
Una estructura que funciona bien en la mayoría de tesis cualitativas sigue este orden:
- Quién eres en relación con el tema: tu formación, tu experiencia previa (profesional o personal) con el fenómeno estudiado y por qué te interesa.
- Tu relación con los participantes: si los conocías antes del estudio, si compartes con ellos alguna característica relevante (misma profesión, mismo colectivo), y cómo eso pudo afectar la relación durante las entrevistas u observaciones.
- Tus supuestos de partida: qué esperabas encontrar antes de empezar la recogida de datos, y si esas expectativas cambiaron durante el proceso.
- Qué hiciste para gestionar esa influencia: estrategias concretas (diario reflexivo, discusión con pares, retorno a los participantes para verificar interpretaciones) y no solo la declaración de intenciones.
Un ejemplo de párrafo inicial podría ser: “Como profesional con cinco años de experiencia en el ámbito que investigo, me acerco a este estudio con un conocimiento previo del contexto que facilita el acceso a los participantes, pero que también puede llevarme a dar por sentadas interpretaciones que un investigador externo cuestionaría. Para gestionar esta tensión, mantuve un diario reflexivo durante todo el trabajo de campo y sometí las categorías de análisis preliminares a discusión con dos investigadores sin vinculación previa con el sector.” Este tipo de redacción sitúa la posicionalidad como una decisión metodológica gestionada, no como una advertencia genérica sin consecuencias prácticas.

Reflexividad y relaciones de poder con los participantes
Además de la identidad personal, conviene reflexionar explícitamente sobre las relaciones de poder que se establecen durante la recogida de datos: si eres docente y entrevistas a tus propios estudiantes, si ocupas una posición jerárquica superior o inferior a la de los participantes en su organización, o si existe una diferencia notable de estatus (académico, económico, cultural) entre tú y ellos. Estas asimetrías pueden condicionar qué están dispuestos a contarte y cómo interpretas después sus respuestas, y señalarlas de forma explícita —junto con las medidas tomadas para mitigar su efecto, como garantizar el anonimato o separar temporalmente el rol de entrevistador del rol profesional habitual— refuerza la credibilidad del análisis.

Errores comunes que bajan la calidad percibida
| Error | Por qué perjudica la percepción de rigor |
|---|---|
| Declaración genérica (“soy consciente de mis sesgos”) sin especificar cuáles | No aporta información verificable; suena a formalidad vacía más que a análisis real |
| Sobreexposición personal innecesaria | Detalles biográficos sin relación clara con el diseño del estudio distraen del argumento metodológico |
| Afirmar neutralidad total tras la declaración | Contradice el propio sentido de declarar posicionalidad: reconocerla y luego afirmar que “no afectó en nada” resulta incoherente |
| Colocarla solo al principio y no volver a ella | La reflexividad es un proceso continuo; si no aparece también en el capítulo de resultados o discusión, parece un trámite aislado |
| Confundir posicionalidad con limitaciones del estudio | Son conceptos relacionados pero distintos: la posicionalidad es sobre el investigador, las limitaciones son sobre el diseño en general |
| Ignorar las relaciones de poder con los participantes | Omite una fuente de influencia tan relevante como la identidad personal, especialmente en contextos jerárquicos |
Reflexividad y los criterios de rigor de Lincoln y Guba
La reflexividad se conecta directamente con los criterios de rigor propuestos por Lincoln y Guba para la investigación cualitativa: contribuye especialmente a la confirmabilidad (que las interpretaciones puedan rastrearse hasta los datos y no solo a las preferencias del investigador) y a la credibilidad del estudio en su conjunto. Un diario reflexivo bien llevado, además, sirve como evidencia documental de ese proceso si un tribunal pregunta cómo se gestionó la influencia del investigador durante el análisis.
Reflexividad en el análisis, no solo en la introducción
Un error frecuente es tratar la posicionalidad como un apartado aislado del capítulo de metodología que no vuelve a mencionarse. La reflexividad de mayor calidad se hace visible también en el capítulo de resultados o discusión: por ejemplo, señalando en qué momentos del análisis el investigador identificó una interpretación posible influida por su propia perspectiva y cómo la contrastó con los datos o con otros investigadores antes de mantenerla. Esta práctica es especialmente relevante en el análisis temático reflexivo, donde se asume explícitamente que el investigador construye activamente los temas a partir de los datos, en lugar de “descubrirlos” de forma neutral.
Herramientas como Tesify pueden ayudarte a estructurar y pulir la redacción de esta sección, pero el contenido de fondo — qué influencia real reconoces y cómo la gestionaste — depende del trabajo reflexivo que hagas tú a lo largo de la investigación, no de la herramienta de escritura.
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio incluir una declaración de posicionalidad en cualquier tesis cualitativa?
No todas las universidades lo exigen de forma explícita, pero es una práctica cada vez más estándar y valorada en investigación cualitativa, especialmente si el estudio usa entrevistas, etnografía o análisis temático.
¿Dónde se coloca la declaración de posicionalidad en la tesis?
Normalmente al inicio del capítulo de metodología, aunque conviene que sus implicaciones se retomen también en el análisis o la discusión, no solo en esa sección inicial.
¿Cuál es la diferencia entre posicionalidad y sesgo?
El sesgo suele entenderse como un error a eliminar; la posicionalidad se entiende como una influencia inevitable que se reconoce y se gestiona de forma transparente, no como algo que se pueda o deba erradicar por completo.
¿Cuánto debe extenderse una declaración de posicionalidad?
No hay una longitud estándar, pero suele bastar con uno o dos párrafos densos que cubran los tres tipos de reflexividad (personal, funcional y epistemológica) de forma específica, evitando tanto la brevedad genérica como la sobreexposición biográfica.
¿Qué diferencia hay entre ser insider y outsider en un estudio cualitativo?
Un insider pertenece al grupo o colectivo estudiado y suele tener más acceso y comprensión del contexto, pero corre el riesgo de dar por sentadas explicaciones; un outsider aporta una mirada más cuestionadora pero puede tener más dificultad de acceso e interpretación cultural. Muchos investigadores ocupan una posición intermedia entre ambos extremos.
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