Cómo hacer un TFG de Historia con fuentes de archivo paso a paso (PARES, 2026)

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La diferencia entre un TFG de Historia y un trabajo de cualquier otra carrera es que aquí el objeto de estudio existe físicamente, está catalogado, y puede estar a doscientos kilómetros o digitalizado en tu portátil. Esa distinción decide tu cronograma, tu tema y tu nota, y hay que resolverla en las dos primeras semanas, no en marzo.

Esta guía recorre el procedimiento completo: localizar el fondo, acotar el tema a lo que el archivo permite, trabajar el documento y citarlo de forma que otro investigador pueda encontrar exactamente el mismo papel.

Paso 1. Distingue qué tipo de TFG estás haciendo

Antes de nada, decide honestamente en cuál de estos tres estás:

  • Estado de la cuestión. Analizas cómo la historiografía ha tratado un tema. Es un trabajo con fuentes secundarias, perfectamente válido, y no necesitas pisar un archivo.
  • Trabajo con fuentes primarias editadas. Usas documentos ya transcritos y publicados en ediciones críticas. Rigor documental sin el coste de la paleografía.
  • Trabajo con fuentes primarias de archivo. Vas al documento original o a su reproducción digital. Es el que más valora un tribunal de Historia y el que más se puede torcer.

Los tres son legítimos. El error es empezar el tercero creyendo que es el primero y descubrir en abril que la serie documental que necesitabas no está digitalizada y el archivo abre de nueve a dos.

Paso 2. Localiza el fondo antes de cerrar el tema

Este es el orden que casi todo el mundo invierte. No elijas un tema y busques después si hay documentación: mira primero qué documentación hay accesible y acota el tema a lo que esa documentación sostiene. En Historia, el archivo manda sobre el interés personal.

Tienes dos puntos de entrada complementarios:

  1. PARES, el Portal de Archivos Españoles, del Ministerio de Cultura. Permite buscar documentos y registros de autoridad, y da acceso a la documentación de los archivos estatales —entre ellos el Archivo de la Corona de Aragón o el Archivo General de la Administración— con una parte muy considerable ya digitalizada y consultable desde casa. Incluye además micrositios temáticos, entre ellos uno dedicado a la Guerra Civil, y un buscador con reconocimiento de escritura manuscrita.
  2. El Censo-Guía de Archivos de España e Iberoamérica, que funciona como directorio: te dice qué archivos existen, dónde están y qué fondos custodian. Es la herramienta que usas cuando la documentación que buscas no es estatal, sino municipal, diocesana, provincial, universitaria o de empresa.

Trabaja con los dos a la vez. PARES te da documentos; el Censo-Guía te dice dónde buscar cuando PARES no los tiene, que es a menudo: la historia local, la eclesiástica y la contemporánea reciente viven en archivos que no son estatales.

Paso 3. Lee la descripción archivística antes que el documento

Legajo de archivo histórico abierto sobre la mesa de una sala de consulta
Un legajo no es un libro: entender cómo llegó ahí y quién lo produjo es parte del análisis, no un trámite previo.

Un archivo no se organiza por temas, se organiza por procedencia: los documentos se agrupan según el organismo que los generó y la función que cumplían. Esa jerarquía —fondo, sección, serie, unidad documental— no es burocracia: es información histórica.

Antes de abrir un documento, lee su descripción y averigua tres cosas:

  • Quién produjo la serie y para qué. Un expediente de censura, un padrón municipal y un protocolo notarial responden a lógicas administrativas distintas y por tanto callan cosas distintas.
  • Qué falta. Las lagunas —años perdidos, series incompletas, fondos destruidos— no son un obstáculo: son un hallazgo que debes declarar y, con frecuencia, explicar.
  • Qué volumen tiene. Una serie de trescientas unidades no se vacía en un TFG. Necesitarás un criterio de muestreo documental explícito, y decirlo en la metodología te evitará la pregunta.

Paso 4. Acota con un criterio que puedas defender

«He mirado lo que me ha dado tiempo» no es un criterio. Estos sí lo son, y basta con elegir uno y sostenerlo:

  • Cronológico. Un tramo de años justificado por un hecho, no por comodidad.
  • Territorial. Una localidad, un partido judicial, una diócesis.
  • Por serie documental. Toda una serie completa, con sus límites, en lugar de espigar de varias.
  • Por tipología. Solo un tipo de documento, analizado sistemáticamente.

El criterio va escrito en la metodología, con el número de unidades consultadas y las signaturas. Eso convierte tu trabajo en algo verificable, que es exactamente lo que separa la historia de la opinión.

Paso 5. Prepárate para la letra

Si tu documentación es anterior al siglo XIX, vas a encontrarte con escritura que no se lee de corrido, abreviaturas propias de cada época y oficio, y sistemas de fechas y unidades que no son los actuales. Tres decisiones prácticas:

  1. Comprueba la legibilidad antes de comprometerte. Abre tres o cuatro imágenes de tu serie y mira si puedes con ellas. Si no puedes, cambia de serie ahora, no en mayo.
  2. Aprovecha las herramientas de transcripción automática. PARES incorpora reconocimiento de escritura manuscrita. Es una ayuda de lectura, no una transcripción definitiva: revisa siempre contra la imagen antes de citar una palabra.
  3. Transcribe con criterio y decláralo. Di si respetas la grafía original o la regularizas, cómo resuelves abreviaturas y cómo marcas lo ilegible. Cualquier criterio consistente es válido; cambiarlo a mitad de trabajo, no.

Paso 6. Cita el documento para que otro pueda encontrarlo

Una referencia archivística no se parece a una referencia bibliográfica. Su función es de coordenadas: debe permitir a otra persona pedir exactamente el mismo documento en el mismo mostrador. Necesita, en este orden:

  • El archivo, con su nombre completo la primera vez y su sigla después.
  • El fondo o sección al que pertenece.
  • La serie, si la descripción la identifica.
  • La signatura completa, tal y como aparece en el catálogo. Es el dato imprescindible.
  • La identificación interna: número de folio o de imagen, y recto o vuelto cuando proceda.
  • La fecha del documento y, si lo consultaste en línea, la fecha de consulta.

Mantén una tabla desde el primer día con una fila por documento consultado, incluidos los que no te sirvieron. Reconstruir signaturas al final, con doscientas fotografías sin ordenar, es una de las peores noches del TFG. Y si tu normativa te obliga a encajar todo esto en APA, aplica la misma lógica que ya usas al citar leyes y documentos oficiales: prima que la referencia localice la fuente.

Paso 7. Escribe cruzando fuentes, no resumiendo documentos

El fallo más común en el capítulo de análisis es la paráfrasis: contar lo que dice cada documento, uno detrás de otro. Eso es un inventario, no una investigación.

Lo que se espera es que interrogues la fuente: quién la escribió, para quién, con qué intención, qué omite y en qué contradice o confirma a otra. La unidad de tu texto es el argumento, no el legajo. Un párrafo bien construido puede apoyarse en tres documentos distintos y en una referencia historiográfica que los contextualice.

Si tu trabajo combina archivo con análisis de imágenes, objetos o edificios, conviene ver además cómo se estructura un TFG de Historia del Arte con análisis de obra, porque el aparato metodológico se solapa parcialmente. Y para el marco general de un trabajo de esta rama, ayuda repasar la estructura de un TFG de Humanidades.

Un cronograma que funciona

Momento Qué haces
Semanas 1–2 Buscar fondos en PARES y en el Censo-Guía. Acotar el tema a lo accesible.
Semanas 3–4 Prueba de legibilidad y de volumen. Fijar el criterio de acotación.
Semanas 5–10 Vaciado documental con tabla de signaturas desde el primer día.
Semanas 8–12 Lectura historiográfica en paralelo, ya sabiendo qué dicen tus fuentes.
Semanas 12–18 Redacción por argumentos, no por documentos.
Últimas 2 semanas Revisión de signaturas una a una contra la tabla.

Si tienes que desplazarte a un archivo presencial, añade un margen: horarios reducidos, cierres estivales y límites diarios de unidades servidas son la norma, no la excepción.

Del legajo al capítulo redactado

Cuando tienes doscientas fotografías, una tabla de signaturas y las ideas claras, queda el trabajo que más cuesta: convertir todo eso en capítulos que argumenten, con la historiografía integrada y sin que se note la costura entre el documento y el análisis.

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Preguntas frecuentes

¿Puedo hacer un TFG de Historia sin ir a ningún archivo?

Sí. Un estado de la cuestión historiográfico o un trabajo con fuentes editadas son opciones plenamente válidas. Y con la documentación digitalizada disponible en PARES, muchos trabajos con fuentes primarias se hacen hoy sin desplazamiento.

¿Qué diferencia hay entre PARES y el Censo-Guía?

PARES da acceso a documentos y a sus descripciones, con buena parte digitalizada. El Censo-Guía es un directorio de archivos: te dice qué archivos existen y qué custodian, pero no te sirve el documento. Se usan juntos.

¿Cuántos documentos necesito para un TFG?

No hay número. Importa que el criterio de selección esté justificado y que el conjunto permita responder a tu pregunta. Una serie corta trabajada a fondo vale más que doscientas unidades ojeadas.

¿Cómo cito un documento que he consultado digitalizado?

Igual que el original —archivo, fondo, serie, signatura, folio— añadiendo que la consulta fue en línea y la fecha. La signatura no cambia por estar digitalizado: es la misma unidad documental.

¿Puedo fotografiar los documentos en la sala de consulta?

Depende del archivo y del estado de conservación de la unidad. Muchos lo permiten sin flash y para uso de investigación, otros lo restringen o lo tarifan. Pregúntalo antes de planificar tu viaje, porque cambia por completo cuántas unidades puedes aprovechar por jornada.

¿Qué hago si mi serie documental tiene lagunas importantes?

Declararlas y explicarlas. Una serie incompleta suele decir algo: incendios, traslados, expurgos o, sencillamente, que la administración dejó de producir ese documento. Esa explicación es contenido histórico de pleno derecho.

¿Necesito paleografía para cualquier TFG de archivo?

No. La documentación de los siglos XIX y XX es mecanografiada o de lectura accesible en gran parte. La paleografía se vuelve imprescindible según retrocedes, y por eso conviene hacer la prueba de legibilidad antes de comprometerte con una serie.

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